drodriguez 9 junio, 2012

Gloriosos 88 años, memoria de logros y éxitos. Aquí van algunas palabras que expuse el día de ayer, en el acto aniversario.

Gracias a la profesora Miriam Ferreira que me ayudo a «pulir» el discurso.

por Pablo Cantero [Centro de Estudiantes 2012]


Hoy tengo la oportunidad de expresar en pocas palabras, el orgullo y la dicha de ser parte de la Industrial.

En mis años como estudiante he aprendido ciertas cosas, y entre tanto, comprendí que mi Escuela no es una más del montón sino que es la mejor.

Más aún, estoy convencido que esta afirmación no surge simplemente del fanatismo, que por cierto comparto con muchos de los aquí presentes; puesto que a lo largo de estos años que viví y compartí con ustedes en esta querida casa, no han hecho más que profundizar y encarnar la historia de estos  gloriosos 88 años. Memoria de logros y éxitos que no solo me lo han contado. Sino que es algo que he visto y algo que hemos hecho nosotros, como todos quienes fueron parte de la Industrial, los mismos que se formaron, los que han formado y seguirán formando aquí. Es decir, esa raza de los llamados “industriales”.

Las cualidades del estudiante de la industrial se manifiestan en una infinidad de cuestiones, se ha demostrado a nivel académico; cultural y deportivo; aspectos donde  la fuerza, la creatividad, el ingenio, en muchas oportunidades, tanto en torneos y Olimpíadas de matemática, diseño, tecnología entre muchas otras áreas, en la construcción de algunas partes de nuestro actual edificio, en las sucesivas ediciones de la estudiantina posadeña donde hemos sido y seguimos siendo como desde un principio, participantes originales, capaces de hacer música de la nada; de inventar rubros, de demostrar que somos observadores y agudos críticos de realidad sin pelos en la lengua.

Siento orgullo además por pertenecer a una comunidad que se caracteriza por ser comprometida, sensible y solidaria. No pocas veces participé con mis profesores y compañeros en actividades de servicio a la comunidad,

Por eso, es esta la oportunidad de reconocer y agradecer la sólida formación académica pero, en modo particular, la formación en valores. Esa que se demuestra cotidianamente, en el sencillo acto de ceder un asiento en un colectivo, de ayudar a un anciano, de respetar las diferencias, de acompañar a un amigo cuando hay que hacer el aguante porque es tiempo de presentar trabajos. Estos han sido, son y seguirán siendo los valores que rigen el perfil de un industrial. Por todas y cada una de estas cosas que todos guardamos en la memoria y que dejaron una huella imborrable en el corazón, me atrevo a afirmar lo que dije al comienzo de mis palabras somos los mejores.

Aprovecho también para hacer mención a quienes han sido parte de la Escuela y hoy ya no están, los que han partido pero cuyos espíritus transitan aula y talleres y nos acompañan siempre.

Finalmente, ser los mejores significa trabajar constantemente y no decaer; no resignar los valores, no traicionar la memoria. Por eso, los invito a seguir dando lo mejor de sí, en el lugar que le toque en esta comunidad, desde cada uno de sus roles,  para honrar el espíritu de nuestra querida Escuela; recordando en cada acción quiénes somos y quienes venimos siendo en esta ciudad y en esta Provincia, a las cuales la escuela año a año hace entrega de sus egresados, que se llevan formación y convicciones, para la grandeza de la Patria.