Un inventor muy particular: lo que no se puede reparar él lo transforma

NADA SE PIERDE, TODO SE TRANSFORMA. Con este concepto, Néstor (segundo de la derecha) reutiliza todo lo que llega a sus manos para construir algo nuevo.

Se llama Néstor Ferreyra y estudia en el BOP 104 de Colonia Paraíso, en San Pedro. Se hizo “famoso” en el pueblo por sus ingeniosas máquinas creadas a partir de material reciclado.

NADA SE PIERDE, TODO SE TRANSFORMA. Con este concepto, Néstor (segundo de la derecha) reutiliza todo lo que llega a sus manos para construir algo nuevo.

La historia de Néstor Ferreyra (16) es de superación. Perdió la audición tras un accidente de tránsito cuando tenía tan solo once años y aunque al principio casi abandona el colegio, en el BOP 104 encontró un lugar donde el cariño y la contención lo llevaron a potenciar sus habilidades como inventor.

De hecho, en el pueblo ahora lo reconocen como el creador de un taladro eléctrico casero, pero anteriormente ya había desarrollado un sistema de semáforo a partir de material reciclado. Sus docentes aseguran que todo lo que no se puede reparar él lo transforma en otra cosa que sirva.

La contención y actividades preparadas para él, fueron fundamentales, y gracias al apoyo del equipo docente de esa institución, pudo superarse y ahora a partir de sus originales inventos se volvió “famoso” en el pueblo donde reside con sus abuelos.

Sus docentes esperan que pueda seguir la facultad y seguir desarrollando sus habilidades para la informática y la mecánica.

Al principio, su inserción fue con mucha dificultad para todos, tanto de parte de los docentes (ninguno tiene preparación educativa integradora para trabajar con discapacitados) como de sus propios compañeros, porque Néstor se incorporaba a un secundario regular y todos debíamos hacer esfuerzos para entenderlo y ayudarlo”, fue la respuesta del director Oscar Martín Dresch, consultado por cómo se integró el joven a la escuela.

El colegio asumió el desafío de todas maneras y cuatro estudiantes con capacidades diferentes iniciaron su secundario junto a él. Quien más sobresalió fue Néstor, por mostrar tempranamente las capacidades para la mecánica y la informática.

Pese a estar en un bachillerato común, y a todos los inconvenientes que se fueron presentando, el cariño y las ganas de ayudarlo en su superación pudieron más.

Néstor fue quien más resaltó. De forma autodidacta aprendió a leer los labios, cosa que ayudó para entender los contenidos dados en el aula”, contó el docente con satisfacción.

Él no se quiere identificar como alumno especial y por eso fue haciendo un esfuerzo mayor para estudiar los mismos contenidos que el resto”, indicó. Hasta hace algunos años, el equipo escolar se organizaba para dictarle actividades preparadas para él.

Un salto

Expresó Dresch: En los últimos tiempos la forma en que desarrolló habilidades nos dejó sorprendidos a todos. Le dábamos trabajos prácticos y libros que él ‘devoraba’ porque evidentemente le apasiona, contó el director del BOP. El instituto agrícola y desde la cátedra “Industria de la Granja y Mecanización Agrícola”, dio un salto.

Las tareas que solían darle sus profes era proponerle que arme y desarme motores poco complejos al principio (ventiladores) y luego con más dificultad (motores de heladeras o autos).

Así empezó, desarmaba y armaba todo lo que llegaba a sus manos, los profes le daban motoguadañas y otros artículos eléctricos. Lo que podía reparar lo hacía, lo que no iba todo a parar al lugar donde guardaba lo que podía reciclar, en un trabajo práctico con los profes tomó todo lo que le servía para armar un motor. Así se propuso desarrollar un taladro eléctrico con material descartable”, prosiguió el maestro.

El taladro lo armó a partir del mecanismo dañado de un autito a control remoto, interruptores en desuso y fuentes de energía. Ver sus resultados puso de manifiesto para los adultos que lo rodean que hay una capacidad y un potencial que valen la pena incentivar.

Néstor vino a mostrarnos que aunque no escucha es capaz de desarrollar su destreza sin limitaciones. Se destaca en todo”, dijeron sus maestros quienes se mostraron muy dispuestos a ayudarlo para que no desperdicie su potencial.

Con muchas necesidades por suplir

Casi 300 alumnos alberga el Bachillerato Orientado Provincial (BOP) 104 que no se limita, pese a que sus necesidades edilicias son importantes. Con una matrícula de estudiantes que provienen de cinco comunidades pequeñas vecinas a Paraíso, la escuela relativamente joven, empezó sus actividades en 2010 con 70 estudiantes pero tuvo un rápido crecimiento.

La escuela se nos hizo chica, tenemos 40 docentes que por ejemplo, no cuentan con laboratorio ni sala de profesores, entonces eso complica al momento de desarrollar trabajos con los chicos, explicó director Oscar Martín Dresch.

La escuela está abierta en los turnos mañana, intermedio y tarde. En este momento, los dos cursos de primer año superan los 40 alumnos, con cursos muy superpoblados. Las aulas son de madera y el personal docente sueña con poder concretar, muy pronto, la obtención de un edificio de material amplio, para dar respuesta al alumnado.

 

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