Alumnos de la Escuela Técnica 2 de Tandil desarrollaron un fertilizante natural

Cuatro estudiantes de la tradicional escuela tandilense idearon un fertilizante hecho a base de harina de roca y materia fecal de vacunos. Proponen una alternativa natural para aportar al suelo todos los nutrientes necesarios y evitar así el uso de sustancias tóxicas.

Agustín Molina, Lucas Celse, Tomás Armendáriz e Ignacio Gilabert son alumnos de séptimo año de la Escuela Técnica  2 Felipe Senillosa que, con la guía de la docente Inés Abraham, desarrollaron un fertilizante natural para suelos.

Los jóvenes contaron los inicios de su novedoso proyecto, al que llamaron Biocuno: “Comenzó el año pasado como un proyecto de investigación, debíamos elegir algo relacionado con la química e investigarlo. Ignacio llevó a clase un texto de biofertilizantes y agricultura orgánica, y nos llamó la atención el tema”, expresaron los chicos.

Uno de los capítulos abordaba el tema de los biopreparados, y eso les dio el puntapié para empezar a pensar en producir ellos mismos algo parecido con materias primas que se encuentran en la región, además, a bajo costo.

Una gran idea

El biofertilizante se elabora con harina de roca -roca molida- que aporta muchos minerales, y material fecal de bovinos, que gracias a una bacteria que otorga resistencia a las temperaturas y no deja que crezcan hongos.  Nitrógeno, fósforo, potasio, levaduras y ácidos orgánicos forman parte del proceso natural de fermentación al que la mezcla es sometida. “Nosotros ponemos la materia prima  y el tiempo hace lo suyo. Tenemos tambores de 200 litros donde mezclamos y esperamos a que esté todo listo”, refirieron los estudiantes. Con una temperatura promedio de 35°C, 40°C, el reparado puede estar listo en un mes, aproximadamente.

El último proceso es el filtrado, separar lo que se decanta de la sustancia líquida, que es lo que usamos. Lo que decanta se usa como sustrato, que posee todo lo que necesita una planta, y tenemos un tercer subproducto que es el carbonato de calcio y se usa como alimento para las gallinas”, relataron.

Este descubrimiento llegó de la mano de un evaluador de la Feria de Ciencias, que les sugirió una nueva forma de no desperdiciar las múltiples posibilidades de las reacciones químicas que estaban llevando adelante. “Nos estaba evaluando un veterinario y  nos pregunto cómo detectábamos la presencia de dióxido de carbono, le explicamos que lo hacíamos reaccionar con agua de cal, lo que forma carbonato de calcio, y nos dijo que eso servía para las gallinas”, detallaron.

Proyección a futuro

Hoy comercializan su fertilizante orgánico a través de redes sociales que manejan bajo el nombre de Biocuno, pero aspiran a expandirse en el futuro a partir de la confección de una base de datos, grupos y el famoso boca en boca, para dedicarse solamente a producir y que sean otros quienes se encarguen de las ventas.

Su mayor deseo es que sea utilizado en campos, “somos más que un agroquímico. Los dueños de campos son medio cerrados, pero una vez que prueben y se den cuenta de que es mucho más viable que cualquier agroquímico, van a elegirnos”, sostuvieron los jóvenes, confiados en la calidad de su producto y en el potencial que tienen entre sus manos.

El producto se comercializa en un envase de medio litro que tiene un costo de 200 pesos. Esa cantidad se diluye y rinde por un total de 25 litros de biofertilizante, que se aplica cada diez días sobre el suelo, sin  riesgo de sobrefertilización.

Sirve para cualquier tipo de planta, porque actúa sobre el suelo aportando todo los nutrientes que necesite la planta, al tener un buen alimento va a estar bien, como todo ser vivo”, ampliaron los alumnos.

Además, informaron que mandaron a efectuar análisis de agentes patógenos, por temor a hallar en el fertilizante la bacteria escherichia coli –presente en la materia fecal de las vacas-, pero los estudios realizados por la Facultad de Veterinaria de la Unicen arrojaron resultados negativos, por lo que es un producto completamente seguro.

Con empuje, determinación y convicción, estos cuatro adolescentes  materializaron en el patio de la casa de la abuela de uno de ellos, una alternativa posible en materia de agricultura sostenible, amigable con el entorno y respetando la naturaleza.

Una experiencia de producción sin agrotóxicos

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, destacó en su sitio web el caso de un campo de la localidad de Benito Juárez, suroeste bonaerense, que hace agricultura sin agrotóxicos desde hace 20 años.

Se trata del Establecimiento “La Aurora”, de 650 hectáreas, que fue premiado el año pasado por la FAO como una de las 52 experiencias de todo el mundo de explotación agroecológica por haber demostrando que una agricultura productiva sin agrotóxicos es posible y rentable.

Es que en ese campo se crían vacas, terneros y novillos de exportación a los que prácticamente no les aplican antibióticos ni antiparasitarios y también se cultivan trigo, sorgo y otros cereales sin utilizar fertilizantes químicos ni herbicidas.

Juan Kiehr, el dueño del establecimiento, dijo que “el reconocimiento de la FAO viene porque hace años trabajamos sin agregar ningún agrotóxico al suelo” y añadió que “en este campo se cultiva mucha leguminosa, de manera que tenemos una fábrica propia de nitrógeno suficiente para los cultivos”.

Reconoció que el rendimiento económico de la producción sin agrotóxicos es “bueno” ya que “no tenemos los costos tan altos de insumos” y dijo que “anualmente producimos 100 toneladas de carne y un promedio de trigo de 3100 kilos por hectárea”, sólo 200 gramos por debajo del promedio de la zona con manejo convencional.

Kiehr analizó que “producir sanamente es una cuestión directamente moral” y señaló que “las consecuencias de la agricultura que nos han impuesto es nefasta porque está terminando con toda la microflora de la tierra”.

El suelo es un organismo vivo que hay que cuidar. Si le agregamos continuamente herbicidas y fertilizantes químicos que tienen residuos tóxicos, se termina con la vida del suelo, que es lo fundamental para que tengamos una vida sana”, reflexionó y agregó que “hay diferencia entre lo que se produce biológicamente y lo que se produce con insumos químicos también para la salud humana”.

 

Alumnos de la Escuela Técnica 2 desarrollaron un fertilizante natural