drodriguez 27 mayo, 2026

Alumnos de sexto año de la EPET N° 32 desarrollaron un sistema basado en pirólisis que permite transformar plásticos descartados en un líquido inflamable. El proyecto combina innovación, conciencia ambiental y formación técnica.

La acumulación de residuos plásticos y su impacto sobre el ambiente impulsaron a un grupo de estudiantes de la EPET N° 32 de Campo Viera a buscar una solución concreta. El resultado fue un prototipo capaz de transformar desechos plásticos en combustible experimental mediante un proceso químico conocido como pirólisis.

La iniciativa fue desarrollada por Martín Rivero, Junior Fonseca, Leonel Deutner, Matías Rocha e Iván Arias, alumnos de sexto año de la orientación Técnico en Industria de Procesos, quienes trabajaron junto a docentes y con el acompañamiento institucional de la directora Silvia Lima.

El sistema funciona calentando plásticos a altas temperaturas sin presencia de oxígeno. Durante ese procedimiento, el material primero se derrite y luego se convierte en vapor. Posteriormente, ese vapor atraviesa un mecanismo de enfriamiento que lo condensa nuevamente en estado líquido, obteniéndose así un derivado combustible.

Para las pruebas utilizaron principalmente polietileno, un material rico en hidrocarburos y apto para este tipo de transformación. En cambio, descartaron casi por completo el PVC debido a la liberación de gases tóxicos y a las mayores exigencias de tratamiento que requiere.

El combustible generado, conocido como aceite pirolítico, aún se encuentra en etapa experimental. Aunque las cantidades obtenidas fueron reducidas, los estudiantes comprobaron que el líquido es inflamable, una característica que abre la posibilidad de futuras aplicaciones energéticas o industriales.

El desarrollo demandó varios meses de ensayo y error. Los primeros intentos se realizaron con ollas a presión y, posteriormente, avanzaron hacia un reactor adaptado con una garrafa. Durante ese recorrido enfrentaron problemas como fugas de vapor, exceso de presión y deformación de materiales, dificultades que fueron resolviendo mediante ajustes y mejoras técnicas.

Además del objetivo ambiental, el proyecto permitió aplicar contenidos de química, física y termodinámica aprendidos en la escuela, fortaleciendo el trabajo colaborativo y la experiencia práctica de los alumnos.

Los jóvenes consideran que la propuesta podría escalarse con reactores más seguros y eficientes, ampliando su capacidad de procesamiento y acercando la posibilidad de aplicaciones comunitarias o productivas. Mientras continúan perfeccionando el sistema, destacan un mensaje central: los residuos también pueden convertirse en oportunidades cuando se combinan conocimiento, creatividad e innovación.

Con información de El Territorio