El vivero escolar “Vida Verde” impulsa la producción de especies nativas en San Pedro y se consolida como un espacio de aprendizaje, compromiso ambiental y articulación entre la escuela, las familias rurales y la restauración del monte misionero.

Alumnos de la Escuela de la Familia Agrícola (EFA) de San Pedro trabajan de manera conjunta con la Fundación Vida Silvestre en el vivero escolar “Vida Verde”, que se ha convertido en uno de los principales proveedores de plantines de especies nativas entregados a las familias en el marco del proyecto “Restaurando la selva misionera por las personas y la naturaleza”. El año pasado cultivaron 8.000 árboles, en un espacio que fusiona educación, intercambio de saberes y compromiso con la preservación del monte.
El trabajo con la Fundación Vida Silvestre comenzó en 2020, mediante la firma de la primera carta acuerdo. Hasta la fecha, ya llevan tres convenios firmados para la provisión de plantines producidos en el vivero de la EFA. Allí se cultivan especies nativas como timbó, loro negro, lapacho negro, lapacho amarillo y frutales autóctonos, que luego son entregados a familias que participan de las acciones de restauración ambiental en el municipio.
Solo en el marco del acuerdo 2025, se entregaron 8.000 plantines, lo que representa una gran satisfacción y refleja el compromiso de los alumnos junto a los responsables del vivero dentro de la institución: el monitor Luis Frelich y la profesora Mariela Rikaczevski. En un entorno donde los conocimientos se potencian, los estudiantes participan activamente en tareas de siembra, trasplante, riego y mantenimiento, logrando que los plantines crezcan en condiciones óptimas para su posterior traslado al campo.
En ese proceso, desde la preparación hasta la entrega, se destacan la motivación y el entusiasmo de los jóvenes, quienes encuentran en esta experiencia una forma concreta de contribuir al cuidado del ambiente. Además, los encargados del vivero incorporan y valorizan los saberes previos que muchos alumnos traen de sus hogares, vinculados a prácticas de reforestación, al tiempo que suman conocimientos técnicos para optimizar cada etapa de producción, especialmente en el manejo de semillas.
Las semillas son recolectadas de árboles dentro del predio escolar y, en algunos casos, provienen de la red de viveros REVINA, de la cual la EFA forma parte.
Este trabajo no solo aporta a la formación de los estudiantes, sino que también fortalece el vínculo entre la escuela y las familias. Muchos de los alumnos pertenecen a hogares que ya están implementando la plantación de especies nativas en sus chacras, en el marco de las acciones impulsadas por la Fundación.
En ese sentido, la rectora de la EFA, Zulma Quiroz, señaló: “Como estas familias colaboran activamente con la escuela, nos pareció interesante que sus propios hijos fueran los productores de los plantines que luego son llevados a sus chacras”. También destacó que, gracias al convenio, los jóvenes participan en capacitaciones sobre protección de vertientes, cuidado del agua y otras prácticas vinculadas al ambiente.
En cuanto a los recursos, la Fundación Vida Silvestre aporta financiamiento para insumos e infraestructura, mientras que la escuela contribuye con el trabajo, el acompañamiento técnico y parte de los costos operativos.
Recientemente, la Fundación presentó un documental en el que se muestran las distintas etapas del proceso: desde el cultivo en el vivero hasta la entrega de los plantines. “Vemos a nuestros exalumnos -que el año pasado cursaban quinto año- hoy en sus chacras, continuando con la producción y el cuidado del ambiente. Es el cierre de un ciclo de compromiso de toda una comunidad educativa”, expresó Quiroz.
En los últimos años, las acciones de la Fundación Vida Silvestre en Misiones se expandieron hacia San Pedro con el objetivo de mejorar la conectividad ecológica entre áreas clave como el Parque Provincial Cruce Caballero, el Parque Provincial Piñalito y la Reserva de Biósfera Yabotí. En este proceso participan cerca de cien familias y ya se han reforestado unas 448 hectáreas con más de 132.000 plantines.
La restauración de estos corredores biológicos es fundamental para garantizar la supervivencia de la biodiversidad, permitiendo que las especies se desplacen, se alimenten y se reproduzcan. Además, la recuperación del monte nativo contribuye a proteger recursos esenciales para las comunidades, como el agua y la regulación del clima.

